Lección de vida

“I heard you are leaving” (Escuché que te vas) fue lo que leí en su calendario, mientras intentaba descifrar por qué no había aceptado una reunión en la que lo necesitábamos. No me lo creí, no me lo quería creer. Una persona que había impactado tanto la empresa, que era querido por todos, se iba. De inmediato le escribí a un compañero que era muy cercano a él para ver si sabía algo, negativo. Tampoco me quería creer, y como las probabilidades de que eso sucedieran eran bajas, quise confiar y pensar que era mentira, que algo había de error en lo que leí. Días después lo confirmamos, cuando nos convocaron a una reunión para darnos la noticia.

Me puse muy triste, muchos lloramos en esa llamada virtual. En ese momento que tenía la oportunidad de compartir más con esa persona, de aprender de él, se iba. Él es muy enérgico, inteligente, sociable, y con unas habilidades de liderazgo totalmente admirables; saber que no tendríamos ya en la empresa una persona como él en los proyectos, era fuerte. Recuerdo que esa tarde me la pasé triste y con tantas preguntas en mi cabeza. ¿Por qué sucedía en este momento? Yo anhelaba trabajar con él, y cuando se me da el plan, se va. Por otra parte también pensé, él se va a cumplir un sueño, debería estar feliz por él.

Me puse a escribir, para desahogarme, como suelo hacer, y entre tanto escribí, “pero sigue aquí”. Sí, él seguía trabajando con nosotros, le quedaban algunos días, y me dije a mí misma que debía aprovecharlo y demostrarle mi gratitud por todo lo que nos enseñó. Tenía la opción de seguir triste porque se iba, o aprovechar cada momento que estuviera con él, reír, preguntar y pedir sus consejos. Me reuní con él para decirle cuán feliz me sentía de haber aprendido tanto de él, le explique las diferencias entre maestro y profesor, le dije que él era un verdadero maestro, que le deseaba lo mejor y que le tengo mucho aprecio. En la última reunión fui muy feliz, hasta que cuando él se despidió, se le quebró la voz y me dieron ganas de entrar por la pantalla y darle un abrazo, qué alma tan noble. Igual me mantuve tan feliz de haber podido trabajar con él, y eso me bastó.

Extrapolé eso con la vida, y noté que a veces nos dan noticias que nos chocan, que informan que algo llega a su fin, pero eventualmente todo llega a un final. Todo es temporal, y perdemos tanto tiempo pensando en lo que pasará, preocupándonos, sintiéndonos tristes, ansiosos, y nos olvidamos de lo que tenemos en frente, de las personas, los momentos, los lugares que visitamos, las cosas que tenemos. No sabemos si mañana volveremos a abrir los ojos y vivimos cada día pensando que sí, pero un día estaremos equivocados. Su partida de la empresa donde laboro, me enseñó tanto, y quizás esa era la forma que debía aprender a disfrutar de cada día, de cada persona, de cada detalle, de cada conversación. Igual algún día me tocará a mi irme, y me encantaría dejar un legado de conocimientos y bonita energía como lo hizo él. Que cuando piensas en él, es inevitable no sonreír.

Hoy quiero que vean a su alrededor y den gracias por lo más mínimo, por el seguridad que los ayudó a salir del parqueo, por la conversación que tuvieron con su madre esta mañana, por sus amigos, por el día en el trabajo. Si algo no salió como esperaba servirá como anécdota en el futuro, sirve de aprendizaje. Ya me han dicho que soy muy trágica, cuando les digo que “Nos vemos mañana si estamos vivos”, pero es que NO lo sabemos, solo tenemos hoy. Por esa misma razón me río mucho, bailo mucho, quiero mucho, y disfruto muchas cosas. Si es hoy el último día quiero asegurarme de que la pasé bien. Sean más conscientes, y aunque lleguen noticias de esas un poco fuertes, viva cada día, enfrente los finales con gratitud. La vida es preciosa, si decidimos verla así.

Gracias por leerme, les quiero.

– Reina de la Noche