Sentir, luego ser

15 años de mi vida usando anteojos, han sido una gran inconformidad para mi. Siempre le he pedido a Dios por un milagro, que arregle mi visión y me libre de ellos; para yo poder andar sin miedo a protegerlos, zambullirme en el océano, lanzarme por ahí sin tener luego que adivinar dónde fue que caí. Sin embargo hoy, un día luego de yo volver a pedirle a Dios por ese milagro, conocí a una chica con limitaciones mayores que las mías en sus ojos, ciega.

89e6e528f0641c21dc4004e79d1f2231Muchos se entristecen por ella, como si lo suyo fuera algo grave, o la hiciera menos persona. El rato que compartí con ella la vi en todo momento feliz, ni siquiera noté que era ciega hasta que ella misma lo dijo (estaba siempre con lentes de sol), la vi como una chica normal, independiente, con una voz hermosa y un corazón tan grande como el de su sonrisa. Mientras hablábamos tocó mucho mis manos, mis brazos, pero lo que más tocó fue mi corazón. Me describió como ella pudo solo con tocarme, y acertó. Con esto me enseñó la importancia del sentir, no solo lo que se puede tocar, sino lo que tampoco; de apreciar más lo que se siente en un ambiente, o con una persona, que su apariencia o sus posesiones materiales.

Ahora no veo como una limitación el carecer de uno de los sentidos, tampoco el mismo problema que llevo yo que tan solo me hace ver todo desenfocado cuando no tengo mis anteojos. Es hermoso ver atardeceres, amaneceres, la playa, los ríos y montañas, pero cuán rico es cerrar los ojos y sentir todas esas emociones cuando estás allí, sintiendo la brisa, o mojándote los pies con el agua fría, o cuando el sol te está besando la piel. Es ahora cuando comprendo que no hay que mostrar, presumir, ni tanto pedir, solo con sentir me basta para yo poder vivir a plenitud. Sentir, y luego ser un humano capaz de todo lo que tu mente quiera lograr.

“Si el mundo fuera ciego, ¿a cuántas personas impresionarías?”

-Reina de la Noche

 

 

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